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Un brochazo de libertad

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Ana Maria de la Garza en su estudio/academia de arte en Brownsville, Texas. Foto cortesía de Ana Maria de la Garza

Ana María de la Garza relata como a los 13 años, su maestra de pintura, Lily le dio la libertad, las herramientas y técnicas para poder pintar. Desde entonces, ella se propuso continuar compartiendo lo que su maestra Lily le había inculcado, la libertad a través del arte.  

“Desde muy pequeña empecé a pintar a crear a tener curiosidad por los colores, los plumones y viendo y observando, mi querida madre se dio cuenta que yo tenía esa habilidad y me inscribieron a clases de pintura en Matamoros con Lily García, que en paz descansé,” relata Ana María. “Con ella empecé y me gustó mucho, porque yo tenía la libertad de expresarme. A mí me gustó mucho eso de tener la libertad de poder pintar una flor, de pintar este paisaje si quería. Eso me gustó mucho, que abrió más mi imaginación.”  

Ana María Randazzo, mejor conocida en la comunidad de Brownsville-Matamoros como Ana María de la Garza es una artista recién llegada a El Paso, Texas. Con una gran trayectoria como una artista reconocida y maestra de artes plásticas en Brownsville, Texas. 

Mayor parte de su vida Ana María y su familia vivieron en Matamoros, Tamaulipas, una ciudad que hace frontera con Brownsville, Texas. Ana María estudio en Tamaulipas hasta terminar la preparatoria, para luego trasladarse a Texas.  

En 1996, Ana María decidió casarse con el padre de sus dos hijos. Su matrimonio duró hasta el 2006 cuando decidieron divorciarse. 

Después de su divorcio, Ana María decidió regresar a terminar su licenciatura en artes plásticas y pedagogía en el colegio, Texas’ Southmost College, ahora conocido como La Universidad de Texas en Brownsville. Mientras ella tomaba clases en el colegio, sus hijos de 3 y 4 años la esperaban afuera de sus salones de aula. 

“Después de mi divorcio sentí mucha libertad, pero también sentí la responsabilidad fuerte de sacar a mis hijos adelante. Y entonces fue difícil, pero no imposible,” comenta Ana María. 

Siendo madre soltera y estudiante, Ana María decidió buscar una nueva fuente de ingresos para poder sostener a sus hijos. Durante la mañana ella iba a sus clases con sus hijos a su lado y en las tardes daba clases a varios niños de la comunidad no solo de Brownsville y Matamoros, sino también de Dallas y San Antonio. Fue así como abrió su primera academia de arte el mismo año que su divorcio. 

Como maestra, Ana María trataba de enseñarles como ella aprendía arte en la universidad, pero nunca quitándoles esa libertad de crear lo que ellos quisieran. 

“Yo juntaba muchas revistas, información, diferentes dibujos, diferentes técnicas, diferentes fotografías sobre arte y libros sobre arte. Yo se los repartía y les daba cinco o seis revistas y entonces empezaban a hojear y de ahí ellos empezaban abrir su imaginación y decían ‘a mí me gusta esto’ y empezaban a encontrar su lado. Porque si yo les daba lo que yo quería, no era del interés del alumno, entonces no iba a aprender,” cuenta Ana María.  

La primera academia de arte de Ana María no sólo era solo otra responsabilidad más para ella, sino también una forma de expandir su talento en su propia comunidad. Ana Maria cuenta como sus alumnos también le enseñaban, ya que podían expresarse más allá de las flores y corazones.  

Una de las escuelas en donde Ana María llegó a trabajar era de bajos recursos. Donde a veces sus alumnos llegaban sin calcetines o llegaban contando sus  problemas que  vivían en casa. Ella les decía que enfocarán todo lo que ellos vivan en su arte para que ellos pudieran expresar todo lo que ellos llevaban dentro su corazón y pudieran ser libres. 

Su segunda academia de arte no nada más era una escuela de arte, pero también una galería donde ella y sus alumnos podían exhibir su arte y podía ser comprada por diferentes clientes. 

 Ana María ha vendido muchas de las pinturas que ha hecho a lo largo de su vida, pero confiesa que algunas se las queda debido al gran valor sentimental que cargan, ya que son tan personal que no muchos las entenderían.  

“El Tendedero” aunque fue una de las pinturas vendidas por Ana María fue una de las que más le ha gustado. Ya que fue una de las pinturas donde ella pudo canalizar todos sus problemas que estaba pasando en lo que solo parece ser unos chiles oreándose al aire libre. 

“Porque no nomas se tiende la ropa. Era un momento en mi vida donde todo era muy amargo. Yo no tenía otra opción colgarla, dejarla afuera y seguir con lo que yo tenía que hacer,” comenta Ana María sobre esta obra. 

Ana María menciona que nunca le ha gustado pintar la realidad ni tampoco le gusta ponerlo todo tan drástico por eso ella se ha enfocado más en el arte abstracta, siempre siguiendo las líneas y combinando diferente tipo de técnicas. 

El arte abstracto es lo que ha llevado a Ana María a ser una artista conocida en su comunidad de Brownsville y Matamoros. Ahora que reside en El Paso, Texas y después de casarse por segunda vez aún no tiene muy claro que quiere hacer aquí. Por lo pronto se está enfocando en ella y en su arte para poder vender en su página de internet. Pero también piensa en el futuro y ya tiene varias ideas, tales como abrir una galería de arte, hacer una maestría o escribir un libro sobre su vida. 

Con este libro Ana María quiere expandir el mensaje sobre la fuerza de voluntad. Quiere comunicarle a la gente que todo está en la mente y no en el “ay, que flojera,” o “no puedo” o en “eso a mí no se me da.” 

Ana María dijo, “el mensaje que les quiero dar a los alumnos de UTEP es que nunca desistan en acercarse a sus sueños y hacerlos realidad. No tener miedo en aprender cosas nuevas, así se puede adquirir más conocimiento y tener más oportunidades en la vida. Por último, aprender a aceptar equivocarse porque eso será el resultado del éxito.” 

Tiffany Morales may be reached [email protected] 

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